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jueves, 21 de marzo de 2013

O Coído de Bares, un «prodigio» natural que oculta otra maravilla.

Un estudio revela la «colosal» magnitud de la estructura subacuática
 

Ana F. Cuba

Porto de bares / la voz  17 de marzo de 2013 05:00

Coido. Puerto de Bares. Estaca de Bares.
Coido
Las prospecciones arqueológicas subacuáticas realizadas por un equipo de la empresa Argos S.L. por la parte exterior de O Coído de Bares revelaron que, «600 metros hacia fuera, en la ría, rodeando esa configuración de bloques, sigue habiendo coído, una estructura de un tamaño colosal», explica David Fernández Abella, socio y gerente de la firma encargada de supervisar los trabajos de «recolocación» de las enormes piedras de O Coído, removidas por el destructivo temporal Becky, que golpeó la costa gallega la noche del 9 al 10 de noviembre de 2010.
«Alcanzamos una profundidad de 17 metros, a 600 de distancia, y seguía habiendo un coído subacuático de unos siete metros de altura, unas dimensiones descomunales», añade este investigador de la Universidade de Santiago de Compostela, fascinado por el descubrimiento, del que ya les había alertado algún vecino de este pequeño pueblo costero de Mañón. El hallazgo refuerza la evidencia de que O Coído «no ha podido ser obra humana, por el tamaño y el peso de los bloques, toneladas y toneladas, y esa configuración hacia fuera».

viernes, 23 de diciembre de 2011

Sobre Bares y su coído. Opiniones de un curioso...

Puerto de Bares. Estaca de Bares.
Piedras del coido
El origen de la navegación la sitúan los historiadores en los ríos Éufrates y Tigris en Mesopotamia, en el Nilo (Egipto) y en la costa del Mediterráneo interior. Hablamos del año 3000 (a. de C.) a juzgar por murales de la época en los que se representan naves de cierta envergadura. 

En aquel tiempo Egipto y Mesopotamia estaban teniendo su esplendor y extendían sus dominios comerciales utilizando los cauces fluviales como vía de transporte-comunicación desplazándose a lo largo de la costa mediterránea por medio de embarcaciones construidas con manojos de papiros y posteriormente de juncos atados juntos. Este tipo de embarcación, perfectamente adaptada para navegar por ríos, canales y aguas mansas, no resistía las duras condiciones que requería la navegación por el Océano Atlántico , de manera que se puede suponer que no hubo influencia mediterránea en la cornisa Cantábrica en esa época. 

Posteriormente los fenicios, establecidos en la costa de