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domingo, 22 de diciembre de 2013

Salterra

Amanecía en tono gris cuando Salterra comenzaba a descender por entre las erosionadas rocas que coronaban el acantilado.

Hacia la mitad del sendero se detuvo; la enorme ola que había azotado la costa en aquel momento no había sido ninguna broma.

Detrás de aquel golpe de mar vendría otro, distanciado, y luego otro y otro..., cada vez más lentamente próximos. Si no se daba prisa, salir de allí podría convertirse en un infierno.

martes, 26 de febrero de 2013

Fábula de las buenas intenciones.

Lola era una perrita foxterrier que durante doce años me hizo compañía y que a lo largo de su vida parió numerosas camadas.

Uno de los cachorros de una de ellas fue a parar a la casa de don José.

Don José poseía una enorme casa a las afueras del pueblo, rodeada de una extensa finca por la que había ido distribuyendo con el paso de los años, castaños, colmenas, madrigueras de conejos y árboles frutales, aplicando sabios criterios de sostenibilidad.

En su larga vida había tenido don José una gran cantidad de perros, en su mayoría dedicados a la caza (de la que había sido apasionado) y en aquella época de la que hablamos, abandonada la afición cinegética a causa de su avanzada edad, poseía dos enormes mastines que hacían la tarea de guardianes dentro de la finca, limitada  por un muro de considerable altura.

El cachorrito foxterrier se ganó inmediatamente

lunes, 8 de octubre de 2012

El reino animal, sus enseñanzas y el Movimiento 15M.

Nutria marisqueando en bajamar.
El reino animal, sus enseñanzas y el Movimiento 15M. Alguna de nuestras cualidades.

En este mundo hay seres muy poderosos. También los hay algo poderosos y otros seres, la gran mayoría, que no son poderosos en absoluto. Es habitual que las decisiones de los más poderosos condicionen la existencia de los más humildes pero eso no siempre tiene que ser así.

En la franja costera, que la bajamar deja seca dos veces al día, aparecen y desaparecen bajo las aguas, arenales y pedreros en los que habitan una gran variedad y cantidad de mariscos: en estos lugares, sujetas a las rocas, viven las lapas.

Una vez despegada de la roca, la lapa no tiene defensa pues

viernes, 5 de octubre de 2012

El patinete

El tele-club de la aldea se había reducido definitivamente al único bar para sus escasos y veteranos habitantes.

Andrés y Marisol, con el menor de sus cuatro hijos, se habían instalado en el pequeño edificio de dos plantas, perseguidos por la indigencia e ilusionados por sobrevivir, atendiendo el sencillo negocio de hostelería. Tras medio siglo de miserable existencia, entre trabajos a medio terminar y gentes de la peor catadura, el matrimonio, con la salud destrozada, se había propuesto sacar adelante a lo que

miércoles, 3 de octubre de 2012

El hongo mortal

Transcurría el verano y, en aquella playa del Cantábrico, los chiquillos se sentían felices. El calor y la ausencia de viento los mantenía correteando junto al mar y chapoteando en los pozos, a pesar de lo avanzado de la tarde. El castillo de arena, que los había entretenido durante casi una hora, estaba siendo atacado por la subida de la marea y, en aquellos momentos, entre gritos y tropiezos, cuatro de ellos se afanaban por

viernes, 10 de agosto de 2012

Un dia de viento

Faro de la Estaca. Estaca de Bares.
Linterna del Faro
El paisaje, por veces, resultaba inaccesible de otro modo que no fuese contemplado desde debajo de aquella cúpula acristalada que asomaba sobre el mar, abrigado allí de los racheados vientos que obligaba a colocar piedras de considerable tamaño en los tejados de las casas para asegurar su integridad..

Los días de viento en aquellas latitudes resultaban desesperantes. Imposibilitaban lo que Salterra llamaba “la armonía en la naturaleza” y todo lo que ocurría, tenía forzosamente que ocurrir con su complacencia o por su voluntad.
Los abundantes días en los que Eolo se mostraba violento, no había mejores cosas que hacer, que las que no requerían salir de la casa. El hecho más simple, el abrir la puerta, se complicaba hasta requerir una estrategia operativa y, con un esfuerzo suplementario, evitar el portazo o el arrancamiento de la puerta.
Nos enfrentamos al viento. A él no le importa que lo hagamos: él son miles de caballos desbocados bajando una pendiente a tumba abierta; cuando te tienes que hacer un ovillo en el suelo para poder aspirar aire, comienzas a ser consciente del poder de los elementos, muy particularmente del viento.

Si el refugio ha sido bueno, con los pies en la tierra donde pisa el buey, el viento pasa y pasó. Cuando te zarandea en una pequeña embarcación puedes incluso volver a tu infancia; puedes ser el corcho que has tirado al torrente para comprobar por donde es capaz de salir después de un recorrido imprevisible….., y tal vez puedas contarlo.

Las tardes en que el viento era excesivo, Salterra las distraía en

martes, 17 de julio de 2012

La niebla

Nunca fue amiga del marino esta niebla que empapa ropas y huesos, que despierta dolores en heridas dormidas, que ciega ojos y da luz a recuerdos, que distrae las mentes en paraísos y en infiernos de nostalgia.
Entre la niebla, las proas de los buques cortan el mar sin amoderar, lanzando toques de sirena a intervalos regulares para avisar de su rumbo a otros navíos…, hasta que entre la bruma fantasmal una sirena que no es de barco les responde y en ese instante, el peligro que dormitaba en la monotonía se despierta y lo ocupa todo. 

Esto ocurría invariablemente en el mes de junio en que, como aquella tarde, comenzaba el periodo de nieblas y era entonces

martes, 24 de enero de 2012

Lubina

Vista desde Cabo Vidio
Transcurría deliciosamente el mes de mayo y el sol difuminaba una a una las nubecillas que la brisa del nordeste hacia correr a lo largo del cielo azul. A la mitad del sendero que une el faro del Cabo Vidio con la línea de la marea por el oeste, hay un tramo tapizado de una hierba fina y mullida, que en Asturias llaman “pelu coneyu” por la similitud de su tacto.

Las cuatro de la tarde, y allí tumbado sobre aquella alfombra natural con la mirada fija en las cristalinas aguas, el farero hilvanaba una estrategia encaminada a terminar con la pesadilla que lo había desvelado durante toda la noche y que aquella mañana se había convertido en una obsesión capaz de perturbar la enorme paz que hasta entonces le había rodeado.


El día anterior había bajado por

viernes, 5 de noviembre de 2010

Aguas Blancas

La espuma de las olas rotas forma parte del paisaje costero. La línea limítrofe entre mar y tierra es blanca y espumosa a los pies de los interminables acantilados que desde el faro se pueden contemplar. La cantidad, el tono de la espuma, los trazos que dibuja sobre el océano, son el fruto de la resaca, de la mar de fondo o de la uniformidad de sus embates.

Quien intenta conocer la mar se fija en ese tipo de detalles buscando incansable la manera de robarle sus secretos, de recortar la melena al sansón del océano. Aprende a leer en la espuma como en la cola de un perro… o en un cruce de miradas. Por las riberas de los acantilados serpentean largos y dificultosos senderos hasta la orilla del mar. El ascenso o el descenso por ellos no tiene mayor importancia para las gentes que a menudo los transitan: los percebeiros.


Estaca de Bares.
Aguas Blancas
Los percebeiros leen en la espuma de las olas rotas. Hay una mar traidora que se adormece en los embates hasta, relajada, esconder su furia, para, ¡de repente!, acometer con la violencia multiplicada en zarpazos terroríficos capaces de destrozar a un hombre en unos instantes. A esa mar le llaman algunos percebeiros “agua blanca”. 

Ellos, que a diario se mueven por ese trazo blanco y corren, saltan, suben y bajan esquivando con agilidad felina los homicidas abrazos de las olas, no trabajan los días que hay “agua blanca”, ni siquiera descienden los senderos. Ven la espuma desde lo alto y dan el día por perdido.

Aquella mañana húmeda de noviembre, desde la linterna del faro, las líneas blancas que se divisaban flotaban alejadas de la costa y paralelas a ella discurrían hasta perderse de vista. 

El farero comenzó a desdoblar y colgar las cortinas que,

domingo, 9 de mayo de 2010

El cuento de los pescadores

Hace muchos años existió un hermoso país bañado por mares y océanos, cuyos habitantes se sustentaban desde el principio de los tiempos pescando los peces que abundaban en sus costas.

Los mas ancianos recordaban aquellos tiempos en que las pequeñas embarcaciones regresaban de la mar cada tarde repletas de pescados que en parte eran consumidos y el resto conservados en sal o aceite para ser vendidos en otros lugares lejos del mar.

Eran tiempos de felicidad y abundancia, pero los beneficios generados por la venta de los peces despertaron el mal germen en los codiciosos y comenzaron a proclamarse aquí y allá reyezuelos que, a su manera, representaban a la Autoridad.

Estos reyezuelos, en su mayoría muy ambiciosos, no eran pescadores, por lo que ganaban menos que sus súbditos y se las ingeniaron para que aquello no siguiera siendo así: mandaron construir grandes barcos con la madera de los “bosques del reino”, pues con ellos podrían pescar mucho más que los pescadores con sus barquitas, y con falsas promesas de prosperidad consiguieron completar las tripulaciones y enviar los barcos a pescar.

Los reyezuelos establecieron desde aquel principio que, puesto que los barcos