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| Vista desde Cabo Vidio |
Transcurría deliciosamente el mes de mayo y el sol difuminaba una a una las nubecillas que la brisa del nordeste hacia correr a lo largo del cielo azul. A la mitad del sendero que une el faro del Cabo Vidio con la línea de la marea por el oeste, hay un tramo tapizado de una hierba fina y mullida, que en Asturias llaman “pelu coneyu” por la similitud de su tacto.
Las cuatro de la tarde, y allí tumbado sobre aquella alfombra natural con la mirada fija en las cristalinas aguas, el farero hilvanaba una estrategia encaminada a terminar con la pesadilla que lo había desvelado durante toda la noche y que aquella mañana se había convertido en una obsesión capaz de perturbar la enorme paz que hasta entonces le había rodeado.
El día anterior había bajado por
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| Piedras del coido |
El
origen de la navegación la sitúan los historiadores en los ríos
Éufrates y Tigris en Mesopotamia, en el Nilo (Egipto) y en la costa del
Mediterráneo interior. Hablamos del año 3000 (a. de C.) a juzgar por
murales de la época en los que se representan naves de cierta
envergadura.
En aquel tiempo Egipto y Mesopotamia estaban teniendo su
esplendor y extendían sus dominios comerciales utilizando los cauces
fluviales como vía de transporte-comunicación desplazándose a lo largo
de la costa mediterránea por medio de embarcaciones construidas con
manojos de papiros y posteriormente de juncos atados juntos. Este tipo
de embarcación, perfectamente adaptada para navegar por ríos, canales y
aguas mansas, no resistía las duras condiciones que requería la
navegación por el Océano Atlántico , de manera que se puede suponer que
no hubo influencia mediterránea en la cornisa Cantábrica en esa época.
Posteriormente
los fenicios, establecidos en la costa de
La
espuma de las olas rotas forma parte del paisaje costero. La línea
limítrofe entre mar y tierra es blanca y espumosa a los pies de los
interminables acantilados que desde el faro se pueden contemplar. La
cantidad, el tono de la espuma, los trazos que dibuja sobre el océano,
son el fruto de la resaca, de la mar de fondo o de la uniformidad de sus
embates.
Quien intenta conocer la mar se fija en ese tipo de detalles
buscando incansable la manera de robarle sus secretos, de recortar la
melena al sansón del océano. Aprende a leer en la espuma como en la cola
de un perro… o en un cruce de miradas. Por las riberas de los
acantilados serpentean largos y dificultosos senderos hasta la orilla
del mar. El ascenso o el descenso por ellos no tiene mayor importancia
para las gentes que a menudo los transitan: los percebeiros.
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| Aguas Blancas |
Los
percebeiros leen en la espuma de las olas rotas. Hay una mar traidora
que se adormece en los embates hasta, relajada, esconder su furia, para,
¡de repente!, acometer con la violencia multiplicada en zarpazos
terroríficos capaces de destrozar a un hombre en unos instantes. A esa
mar le llaman algunos percebeiros “agua blanca”.
Ellos, que a diario se
mueven por ese trazo blanco y corren, saltan, suben y bajan esquivando
con agilidad felina los homicidas abrazos de las olas, no trabajan los
días que hay “agua blanca”, ni siquiera descienden los senderos. Ven la
espuma desde lo alto y dan el día por perdido.
Aquella mañana húmeda de
noviembre, desde la linterna del faro, las líneas blancas que se
divisaban flotaban alejadas de la costa y paralelas a ella discurrían
hasta perderse de vista.
El farero comenzó a desdoblar y colgar
las cortinas que,
Hace muchos años existió un hermoso país bañado por
mares y océanos, cuyos habitantes se sustentaban desde el principio de
los tiempos pescando los peces que abundaban en sus costas.
Los mas ancianos recordaban aquellos tiempos en que
las pequeñas embarcaciones regresaban de la mar cada tarde repletas de
pescados que en parte eran consumidos y el resto conservados en sal o
aceite para ser vendidos en otros lugares lejos del mar.
Eran tiempos de felicidad y abundancia, pero los
beneficios generados por la venta de los peces despertaron el mal germen
en los codiciosos y comenzaron a proclamarse aquí y allá reyezuelos
que, a su manera, representaban a la Autoridad.
Estos reyezuelos, en su mayoría muy ambiciosos, no
eran pescadores, por lo que ganaban menos que sus súbditos y se las
ingeniaron para que aquello no siguiera siendo así: mandaron construir
grandes barcos con la madera de los “bosques del reino”, pues con ellos
podrían pescar mucho más que los pescadores con sus barquitas, y con
falsas promesas de prosperidad consiguieron completar las tripulaciones y
enviar los barcos a pescar.
Los reyezuelos establecieron desde aquel principio
que, puesto que los barcos
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| Base americana |
Las instalaciones militares americanas
abandonadas en el cabo de Estaca de Bares ocupan alrededor de una
hectárea. Integran lo que fue la base Loran (navegación de largo alcance
en sus siglas en inglés), un sistema de posicionamiento por radio
desarrollado durante la II Guerra Mundial.
Es uno de los muchos sistemas
que permiten a los navegantes determinar la posición de su barco o
avión a partir de la diferencia de recepción de las señales de radio
procedentes de dos emisores sincronizados distantes entre sí. Base
americana de La Estaca de Bares La estación de Estaca de Bares, que
solía contar con una quincena de militares, operaba conjuntamente con
una británica, y hasta 1973 con otra francesa.
Cinco años después, cuando finalizaron
las operaciones Loran de los guardacostas americanos, la fuerza aérea de
los Estados Unidos asumió el control de la base, que funcionó como una
estación de comunicaciones hasta 1991. Desde entonces, estas
instalaciones están en ruinas. Aún en manos de Defensa Aunque el
Ministerio de Defensa ha mostrado su intención de que la antigua base
militar de Estaca de Bares pase a manos del Ministerio de Medio
Ambiente, aún no ha tenido lugar el traspaso. Es por ello por lo que, de
momento, no existe una administración que a día de hoy pueda estudiar
en profundidad el proyecto de Eugenio Linares.